
Hay una especie de Tribunal de la Santa Inquisición en contra de las mujeres "sacrílegas" de la televisión.
Y en la televisión dominicana hay "santas y pecadoras"...Hay "chicas malas", pero también mujeres honorables, de una trayectoria intachable, por lo que no se debe meter todas en el mismo saco.
Lamentablemente, como decimos, hay una especie de "caza de brujas" en la que "la gleba sublevada" se ha lanzado a cortar cabezas, sin importar que "paguen justas por pecadoras".
Y los irredentos del medio, constituídos en sumos pontífices, dan riendas sueltas a sus arrebatos moralistas a ultranzas, exigiendo a las pecadoras expiar sus culpas en hogueras de jornadas moralizadoras y ejemplarizantes, atizadas en la mayoría de los casos por manos "non sanctas".
Porque, después de todo, en el fondo del aljibe del "agua bendita", en muchos subyace más bien una especie de celo o envidia, debido a lo inalcansables que están resultando las mujeres descarriadas de la televisión, cuyas tarifas o exigencias, van más allá de las posibilidades de muchos "sacrosantos" hombres del medio, que se ven impedidos de llegar hasta ellas, y a los cuales solo les queda el supremo recurso de la difamación y la maledicencia, las principales armas del hombre mediocre.
Nunca como ahora las mujeres de la televisión se habían puesto tan a distancia del hombre común y corriente del medio, lo que no sucedía anteriormente, en otros tiempos, en que los intercambios de favores no iban más allá de la simple interacción y gajes del mismo oficio.
Las sacrílegas y pecadoras megadivas, ahora "chapeadoras", al parecer aprendieron el significado de la palabra "televisión", y se lo están aplicando a su vez a los "hombres chapeadores sexuales" del medio, que no "clasifican", y que por ende nada tienen que dar ni ofrecer, "a cambio de".
Televisión, como se sabe, se compone de dos palabras: Tele, que significa lejos, y visión, que es mirar.
Pues, a mirar de lejos llaman las "pecadoras" a los desarrapados del medio, a los que solo les queda asumir una fementida actitud moralista, cabalgando montados en el caballo Rocinante de Don Quijote, erigidos en "Sumos Pontífices", al frente de la caballería de la Nueva Santa Inquisición.
¡A quemar y a lapidar mujeres!. Es el "mandato divino"...
fuente Merengala

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